Entrevista: Nancy Giampaolo, para Revista Fuga
Fotos: Mariana Roveda
Hace pocos meses lanzaron con Angie la Editorial Común…
Sí, es un proyecto que empezamos con Angie, mi mujer, y ahora nos asociamos a Ediciones Lariviere, porque la verdad es que lo hacíamos solos y teniendo otros trabajos, hijas y otro montón de aventuras era medio complicado.
¿Se vieron motivados por la falta de trabajos de ese tipo a nivel nacional?
Tal cual. Nos pasaba mucho de viajar y de ver que afuera hay de todo y acá no hay nada. Incluso sucede que afuera hay un montón de dibujantes argentinos que publican por todos lados. Me sorprendía de ver muchos libros de grandes autores nuestros como Altuna o Nine, que acá ni se consiguen. Y la verdad es que me daba rabia. Entonces se nos metió la idea de tener una editorial que saque novelas gráficas y traer, por ahí, libros de afuera que generen entusiasmo para estimular a la gente a que consuma esta clase de laburos y, al mismo tiempo, dar espacio a autores argentinos y de América Latina.
¿Cómo seleccionan los autores?
No es que sacamos 50 libros por año, así que voy sobre autores que conozco y sé en qué están trabajando, como Federico Pasos.
¿Por qué creés que no se mueve mucho la novela gráfica en nuestro país?
Por muchas razones, pero básicamente por falta de promoción y desconocimiento. Hay como una idea errónea de que “historieta” significa “niños”. En las librerías, siempre ponen los libros de historieta cerca de los infantiles y juveniles, cosa que me hace temblar porque está lleno de historietas que tienen temas exclusivamente adultos. Siempre tengo como el pánico de ver un nenito en la librería que se acerque a su madre diciéndole “¿Qué están haciendo acá estas chicas sin ropa?”, habiendo sacado el ejemplar del sector niños y creyendo que corresponde (Risas).
Así que deberían separarse las aguas…
Claro. Tiene que haber un espacio en la librería que sea novela gráfica. Eso propiciaría que alguien que quiere comprar una historieta para adultos pueda ir a ese sector en vez de estar revisando entre Tin Tín y Asterix (Risas). La definición “novela gráfica” sirvió en ese sentido, los adultos se desprejuiciaron un poco. Estuve hace poco en España y las novelas gráficas están casi al punto del boom. Hace diez años eran una rareza, ahora se está publicando a veces mejor que en Estados Unidos. Y lo que sucedió es que se dieron cuenta de que es negocio. De parte de los autores también hubo una maduración increíble. Vos pensá que el cine y la historieta empezaron al mismo tiempo como mellizos, y el cine rápidamente se abrió a que se pudiera contar cualquier cosa su formato. Se pudo hablar rápidamente de Napoleón Bonaparte, salieron al toque películas sumamente adultas como “Intolerancia”, etc. La historieta, en cambio, quedó en el diario, como una especie de cosa para llamar la atención. Después aparecieron las aventuras como Superman y qué se yo, y siempre fue quedando en ese contexto de las aventuras o la ciencia ficción. Y hubo, desde cero, genios como Hugo Pratt u Oesterheld, entre muchísimos otros, que no tuvieron el permiso o las licencias de los escritores para adultos o los novelistas. Afortunadamente, en los últimos 20 o 30 años, especialmente después de un libro llamado “Maus” que ganó un Pulitzer, los editores empezaron a darse cuenta de a poco del valor artístico no exclusivamente infantil de las novelas gráficas o de algunas historietas.
¿Qué relación tenés con el Manga?
Y eso es como otro mundo que, por supuesto, me encanta. Pero es otro para empezar porque en Japón la historieta y la animación se consumen a nivel increíblemente masivo, son casi como Tinelli (Risas). La gente compra cómics que lee y tira, como si fuera el diario. Japón es, además, un lugar muy raro, que está como a otra velocidad. El manga arrancó con gente fanática de Disney, que hizo una lectura que no resultó en nada muy parecido. Keisuke tiene una biografía de Buda en ocho de historieta, es un gran delirio que por ahí incluye datos posta. Es decir, que los japoneses están en su plan, que es un plan buenísimo y personal de ellos. Me gusta, como te dije, pero no leo tanto Manga, tengo dos o tres autores que me gustan y sigo, pero hay gente que lee mucho más.
Hablamos de algunos de nuestros clásicos ¿Qué pensás de los autores más nuevos del país?
Creo que lo que tiene de bueno la generación de alrededor de 30 años en Argentina es que a todos les pasó algo que también me paso a mí que es que el día que dijeron "Voy a dibujar historietas" cerró Fierro, cerró Humor, cerró Puertitas, ¡cerro todo! (Risas), en los 90´s todo era Gente, Caras y nada más. Apareció alguna revista como "Suélteme" que tenía un poco de humor y alguna otra, pero todas eran como gestos heroicos de cinco o seis pibes que perdían todos sus ahorros haciendo esto. Esta situación propició que la gente que quería dibujar historietas tenga hoy estilos muy diferentes. Porque si bien todos querían dibujar, no lo hacían para entrar a Puertitas, o a Humor o a cualquier revista determinada. De modo que cada uno fue para su lado por intuición, dando como resultado una generación muy rica, muy variada, que no está permanentemente copiando a tal o cual dibujante. Y ahí de nuevo vamos a Editorial Común, yo también hice la editorial sabiendo esto: hay un montón de gente interesante para publicar. Saez Valiente me parece un genio, lo mismo que Lucas Varela y muchos otros. Hay gente que está haciendo cosas increíbles. Con Fede Pasos, por ejemplo, me pasó de ver que acá estaba posteando cosas en su blog, mientras que sus libros afuera me los sacan de las manos.
¿Qué artistas, fuera del mundo del cómic, te parecen o parecieron inspiradores?
A veces me siento como un laboratorio donde hay todo un enchastre conformado por un montón de mis influencias que vienen de miles de lugares. Nunca fui de esas personas que se sienten o dicen originales, yo creo que todo el mundo está parado sobre los hombros de los gigantes. Si yo no hubiese escuchado los discos de Bob Dylan, si no hubiese visto las películas de Monty Phyton, Chaplin, no hubiese dibujado Macanudo.
¿Chaplin o Buster Keaton?
Prefiero a Chaplin que a Buster Keaton porque siento que llegó más lejos. Me explayo: yo amo a los artistas que me hacen reír y divertir, pero sé que, cada tanto, hay alguno que además de hacer eso, pone cosas en evidencia, las denuncia. Gente como Lennon, Dylan o Chaplin -que le hizo una película a Hitler en 1939 y vislumbró en 1937 todo el quilombo que está atravesando Estados Unidos hoy- me parece extraordinaria. Chaplin es de los pocos que me hacen reír y llorar al mismo tiempo.
¿Y con la música?
La música conmigo tuvo mucha influencia porque cada vez que me gustó algo me volví fanático. El otro día haciendo memoria recordé que la primera canción de la que fui fanático fue “An Other one bite the dust” de Queen. La escuchaba en la radio a los 7 años y no lo podía creer. De más grande tuve grosa obsesión por Velvet Underground o bandas de ese tipo. También tuve obsesiones con el cine de (Roman) Polanski o gente así. Con El Inquilino, que vi a los 16 años (se ve que ya era medio pretencioso) me obsesioné mal. Al otro día de verla, la súper recomendé en el colegio y mis amigos la alquilaron para verla con unas chicas. Obviamente, casi me matan por la recomendación (Risas). Imaginate a un grupete de adolescentes mirando una peli de un tipo que se tira por un balcón hecho mierda, en plan romántico. También tuve fascinación con Wes Anderson, los hermanos Cohen, qué se yo... mucho.
¿Y un héroe en literatura?
Muchos. Me encanta Salinger, porque lo leí de niño y pienso que lo conocés de muy chico después lo querés siempre. A mí cuando viene algún chico que lee Macanudo me da mucha felicidad porque sé que siempre va a tener un buen recuerdo por haberlo leído de niño, entonces le voy a poder pedir plata cuando él sea adulto y yo un viejito necesitado (Risas).
Siendo papá de dos nenas, tenés onda con el mundo infantil…
Siempre tuve un ejercicio en tratar de acordarme cómo era ser chico y no veo la niñez como una época tan idílica, si no como una época que también tiene grandes conflictos o situaciones raras, como cuando te tiraban en una clase con 20 desconocidos y vos decías "¿Y esto?" o cuando tu mamá te llevaba a jugar a lo de el hijo o hija de una amiga de ella y vos quedabas ahí sin saber mucho de que hablar. Si al pibe le gustaba Star Wars tirabas unos minutos de charla, si no cagaste. Había mucho silencio incómodo. (Risas) Hice sólo un libro para chicos y tardé dos años en hacerlo porque lo único que tenía claro es que no tenía que tratarlos de idiotas.













