Hay que saber escuchar a los que ya tienen experiencia, a la gente idónea en lo que tú querés hacer, y no querer hacer todo ahora, porque el “ahora” no existe. La vida no es un juego de ruleta y azar, es una cuestión de todos los días.
Directora, Estancia Las Rosas – www.lasrosas.com.uy
Tuve una infancia privilegiada, divina, en familia, en Europa hasta los diez años, cuando vine a Uruguay. Pero fue una vida muy, muy, normal.
Mi padre murió en la guerra cuando yo era muy chica, por lo tanto no me enteré. Mis primeros años los pasé en la campiña francesa y esto me quedó marcado para el resto de mi vida. Todo lo que tenía a mi alrededor era el verde, las plantas, los animales, gente que se quería, aunque estábamos en plena guerra; veía tanques y cosas que se quemaban afuera, pero siempre encontraba una excusa para verlo como si fuera algo normal, para que no asustarme ni yo ni mi hermano.
En Tours, donde vivíamos, cuando pasaban los aviones para bombardear, mi madre nos decía: “¡Cuidado, chicos! ¿Qué fue lo que yo les enseñé? Jugar a la escondida. ¡A esconderse todos dentro de los pozos!”. Y todos nos escondíamos dentro de los pozos como si fuera un juego. O sea, nunca, nunca, entendimos realmente el problema que había detrás de todo eso.
Me educaron siempre al servicio de los otros. Hasta los 18 años no podía ni hablar, ni pensar, ni decir “qué lindo día”, “qué feo día”, la educación que recibí fue muy estricta, muy dura. Daban una orden una vez, no se repetía dos veces. Es por eso que hoy, en mi vida diaria, cuando tomo una decisión la pongo en práctica; equivocada o no, lo hago, porque estoy decidida. Eso es porque desde chica estuve acostumbrada a que cuando se me daba una indicación la tenía que cumplir. No les interesaba saber si me costaba o no; yo tenía cierto tiempo para hacer determinada cosa y listo. Eso fue también un aprendizaje. Me enseñaron ya desde muy pequeña que lo que tú no hayas hecho ayer, mañana no lo vas a hacer.
Mis primeros trabajos fueron específicamente de solidaridad. Empecé en hospitales limpiando pisos, después en los cuartos, posteriormente en las cocinas, y más adelante esterilizando jeringas y todos los utensilios que se necesitaban para las salas. Después me dediqué a los animales, a los niños, a las personas de la tercera edad, pero siempre sin remuneración, fueron trabajos de carácter social.
Desde los quince años supe que quería dedicarme al campo. Siempre quise tener un campo, los cual me llegó a los treinta y cinco años. Para mí, el clic en lo profesional fue, en el campo, la forma de poder producir lo mejor; poco pero bien. Siempre tener lo mejor de las razas y luchar para que este país, Uruguay, brille por lo que puede hacer, porque estoy convencida de que dispone de un potencial enorme, solamente que debe moverse. No puede ser que los australianos destinen seiscientas personas para girar alrededor del mundo vendiendo sus productos y nosotros no tengamos uno. Creo que los grandes cambios están viniendo ahora y el gran clic de Uruguay va a ser éste.
El mejor recuerdo de mi carrera profesional y laboral se relaciona directamente con el grupo humano que me rodea con la suerte de haber podido construirlo. Me llevó mucho tiempo porque hay que ser muy paciente y saber a quién tiene uno al lado. La base fundamental de un trabajo es el equipo. Si no tenés equipo, la cosa no camina. Podés tener el mejor amigo, la plata del mundo y no alcanza. Hay que empezar de abajo para arriba con la gente adecuada. Quiere decir que si estás en un campo, tenés que tomar gente que sepa lo que es un campo y –sobre todo– estar a la par de tu gente.
Para obtener lo que logré, tuve que sacrificar muchísimas cosas. Primero, olvidar mis viajes frívolos; segundo, no irme cuando se me antojaba; y tercero, dedicarme cien por ciento a la metas que me proponía. Lo importante es ocuparse, sacrificar una gran parte de tu vida, porque no podés estar en la misa y en la procesión. Es imposible. Empecé muy tarde, fui como una polilla girando alrededor de una luz y no hice nada durante cuarenta años; entonces ahora le tengo que meter cuchara doble para intentar alcanzar lo que quizás nunca alcance, porque no podés reenganchar. Lo que no hiciste ayer no lo vas a cosechar hoy. Vas a reenganchar lo que podés hacer de hoy para adelante, pero no mires lo que dejaste atrás. Sí acordate siempre de lo que dejaste atrás y el motivo por el cual te sucedió, para no volver a caer en la próxima.
Tuve que enfrentar muchísimos obstáculos en la vida. Primero, porque era alcohólica; segundo, porque tuve problemas terribles con mi familia, ya que no entendían por qué me quería poner en rubros tan complicados. También debí superar muchos problemas acá, por no saber nada de la gente que hubiera tenido que conocer entonces. Me tomó muchos años ubicarme y contar con las personas adecuadas a mi alrededor. Entonces creo que los grandes obstáculos fueron, primero, mis padres, y después lo otro fue, lamentablemente, que yo estaba en el alcohol porque no me sentía bien en mi pellejo. Gracias a Dios pude superar lo del alcohol, y mis padres, poco a poco con la edad, han dejado esta tierra.
Un día normal en mi actualidad es una locura, porque me ocupo de un millón de cosas. Tengo al campo, Mitsubishi Uruguay, Lapataia y también me ocupo de diferentes causas benéficas vinculadas con lo social y con los animales. Pero además, cada uno tiene diferentes rubros dentro de esas propias sociedades.
Recién empiezo, por lo que proyectos en mente o en vías de desarrollo tengo una enormidad. Empecé tan tarde, tan tarde, y en menos de veinte años he construido unas cuantas cosas. Hubiera podido hacer mucho más y mucho mejor, si hubiera perdido menos tiempo. Sólo referente a Las Rosas hay cientos de oportunidades y alianzas para hacer. Pero yo también tengo miedo porque traté de llevar a cabo muchas cosas con diferentes productores y muchas veces me han dejado por el camino. Entonces cuando te quemás una vez, ya la pensás dos. De ahí surge, como decía, la importancia de tener bien claro con quién y cómo se trabaja.
Dentro de cinco o diez años, si no me cuido un poquito, no sé qué puede pasar, porque indudablemente el disco se me está poniendo un poco llenito y la ficha está empezando a caer rápidamente. Pero, si Dios quiere, si me cuido un poco y empiezo a ir en cuarta y en tercera, en lugar de ir en quinta, puede ser que aguante unos diez años más y espero pasar lentamente todas mis cosas a las manos de mis hijos, y poder mirar y disfrutar realmente de todo lo que hice, que es en realidad muy poco porque ya las bases las tenía.
Soy una persona extremadamente creyente, católica apostólica romana. Si bien soy totalmente apolítica, lo que más le pediría a este gobierno es que siga abriéndose al mundo como lo está haciendo. Nombrar personas idóneas en cada uno de sus ministerios, como está tratando de hacer. Poner en las embajadas gente de negocios más que de letras, porque hoy lo que camina son los negocios, y una embajada es la representación de un país. Espero que este gobierno pueda seguir adelante con todas las bases de lo que ha empezado, que pueda llegar a buen puerto, abriendo puertas, sobre todo mirando bien hacia dónde va, y atrayendo capitales al país, para que los jóvenes no se vayan. Dar más oportunidades para que se vengan a instalar más fábricas, más negocios y se desarrollen más posibilidades para producir, pero producir bien y no ahorcar al que está trabajando.
El consejo que puedo darles a los jóvenes es que traten de luchar por su país. Primero, que respeten su bandera y la tierra por la que caminan; segundo, que ellos tengan metas, porque irse sin metas no sirve para nada; y tercero, que nunca se olviden de que el pasto siempre parece más verde del otro lado del alambre, pero en realidad no es tan verde en ninguna parte del mundo.
No hay ningún trabajo que no sea digno o respetado. No hay que tener miedo a poner la mano realmente en la masa y tirarse al agua. Porque en la vida no se tiene nada por nada, y por más que te den plata, si no estás preparado para afrontar y no estás bien seguro de lo que querés, no vas a lograrlo.
Otra cosa que es muy importante es dejar de lado los “amigofios”. Si quiero realizar un emprendimiento lo hago con gente entendida en lo que quiero desarrollar. Si tengo la suerte de contar con un amigo que justo hizo esos estudios y tiene experiencia en lo que siempre soñé tener, lo voy a tomar, pero será una excepción. Es fundamental tomar personas que cuenten con la experiencia que a ti te falta. Tu grupo tiene que ser competente en eso, y ser tu amigo o tu primo, no significa estar preparado. Ésa es una falla que tiene este país. Si los puedo ayudar, sí, pero en una cosa coherente. También cuando tomes a alguien, informate bien a quién tomaste y dónde estuvo, ve tú mismo a los sitios donde trabajó, porque una carta con un currículum no quiere decir nada.
Hay que saber escuchar a los que ya tienen experiencia, a la gente idónea en lo que querés hacer, y no soñar con hacer todo ahora, porque el “ahora” no existe. La vida no es un juego de ruleta y azar, es cuestión de todos los días. Si dejas de poner el agua en el florero, en una semana se te evaporó el agua y se te murieron las flores. Así que si no estás todo el día echando la gotita de agua, olvidate de tu éxito. Un árbol demora muchos años en crecer. Para que sea lindo, muchos años. Y eso es lo que siempre hay que pensar.
En el Uruguay de hoy los jóvenes tienen un futuro maravilloso, tienen el mundo por delante. Pero hay que trabajar mucho. No existe el éxito sin trabajo y dejar algo de lado.
Luchen, sigan soñando y rodéense de la gente que necesitan para llegar a sus metas.
En la vida no se consigue nada sin esfuerzo. Y al fi n y al cabo, cuando ganas y logras tu objetivo, verás qué felicidad se siente. Después de un par de años de haber llegado, ata una gran moña en la meta que te pusiste y di: llegué.
Esta es una publicación autorizada por su autor Martin Moubayed de su libro Entusiastas y Triunfadores, editado por Fin de Siglo.
Entusiastas y Triunfadores es la primera etapa de Actitud Uruguay (www.actituduruguay.com ), proyecto que intenta promover una actitud emprendedora y una cultura de trabajo en los jóvenes.
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