Comunicador – www.parrado.com
Cuando piensen que las cosas no tienen salida o sientan que son difíciles de superar, hay que saber esperar y ser pacientes. Cada uno es dueño de su destino, hay que mirar hacia adelante, disfrutar de cada día y en todo momento lo que hacemos.
Nací en una familia promedio de Uruguay. Recuerdo una infancia absolutamente normal, muy feliz, alegre y divertida, disfrutando junto a mis padres y hermanos. Fue una etapa llena de amor y buenos momentos, en la que me fui formando a través de las distintas experiencias que absorbí desde el día en que llegué a este mundo.
Mi padre nació en una casa humilde de Santa Catalina; hacía prendas de cuero con mi abuelo y las vendían saliendo en un carro por los campos. Luego vinieron a Montevideo, en busca de mejor calidad de vida. Pusieron una talabartería, que les servía además de dormitorio por las noches, con un catre detrás del mostrador. Más tarde conoció a mi madre, una inmigrante ucraniana fantástica, de una energía fascinante. Se casaron, trabajaron juntos y gracias a su espíritu emprendedor, lograron salir adelante.
Muchas veces me pregunto qué es lo que quiero hacer y todavía, a esta altura de mi vida, no me doy cuenta a ciencia exacta. De lo que sí estoy seguro es que he pasado por distintas experiencias laborales. A los 18 años mi padre me incentivó a empezar a trabajar, dándome un poco de dinero por cortar el pasto, lavar los autos y cosas por el estilo. Después empecé a estudiar y a hacer algunos trabajos extras, sobre todo en el verano, dando clases de windsurf y alquilando tablas los fines de semana. Nunca tuve la vocación de ser médico, abogado, astronauta, ingeniero o escribano, siempre preferí hacer las cosas a medida que fueron presentándose en la vida.
Mi primer trabajo formal fue en La Casa del Tornillo, que era la empresa familiar. Ahí aprendí el rigor de los horarios, la responsabilidad de tener que estar a las ocho de la mañana para levantar las cortinas y aprontar el local que debía abrir abierto media hora más tarde.
Luego me decidí a seguir un poco más mis gustos. Quería irme para el lado cinematográfico, pero no había grandes posibilidades en el Uruguay de entonces. Empecé a hacer televisión y a trabajar en cosas que realmente me fascinaban, como el tema de autos y motos, con la producción Vértigo, mi primer programa televisivo. Era como un hobby, las horas se me pasaban muy rápido, y además, ganaba dinero por ello, lo que era muy bueno. Fue algo que realicé con gran ímpetu y llegué incluso a producir cinco programas en la misma semana: editaba, filmaba, probaba autos y viajaba por el mundo en salones automovilísticos. Constituyó una gran pasión, a la cual le dediqué mucho tiempo.
La parte más dura fue la producción comercial. Salir a vender el programa de televisión a diferentes clientes o agencias de publicidad y aceptar un “no” como respuesta, en 19 de los 20 locales visitados, me representó un verdadero obstáculo en aquel momento; me costó mucho aceptarlo, más que nada, en los primeros años. Una vez que lo entendés, te das cuenta de que es parte normal en cada uno de los ámbitos de la vida. Producir un programa de televisión es como una empresa cualquiera, hay costos que absorber y no todo es tan fácil. Si las cosas fueran tan sencillas como ir a un lugar y obtener un sí como respuesta, todos seríamos exitosos, multimillonarios y viviríamos en un mundo imperfecto. La realidad es otra, hay que saber que el sacrificio está ahí, pero también tiene sus frutos.
Para mí lo más importante es la familia. Si bien le he dedicado mucho tiempo al trabajo, lo he realizado en los horarios que lo requería, sin hipotecar el tiempo para disfrutar de los seres que me rodean. Hay que ser eficiente en cada cosa que hacemos, para que ello no interfiera en nuestra vida personal. He tenido actividades y empresas que me han llevado por distintas partes del mundo y por largos períodos, pero también sé muy bien que la vida hay que disfrutarla. Hoy quiero bajar un poco el acelerador y tener más tiempo libre para dedicarle a mi familia y a la actividad personal.
Creo que en Uruguay se politiza absolutamente todo. Hay que dejar de lado la política y tener un poco más de iniciativa propia. Al contrario de otros países, en donde un empresario es digno de emular pues es quien lleva el país adelante, acá es como que lo reprimen. Los gobiernos tienen que darles las condiciones necesarias a los jóvenes, para que puedan emprender sus proyectos acá para que no quieran irse.
Los jóvenes tienen que mirar y apuntar a lo más alto que puedan. Todas las cosas cuestan y llevan su tiempo, pero siendo emprendedores, haciendo empresas de sus propios proyectos, van a tener las mayores satisfacciones en la vida, las que seguramente sentirán como propias y por ende mucho más personales.
Cuando piensen que las cosas no tienen salida o sientan que son difíciles de superar, hay que saber esperar y ser pacientes. Cada uno es dueño de su destino, hay que mirar hacia adelante, disfrutar de cada día y en todo momento lo que hacemos. Lo importante es saber que se está en el camino correcto, aquel en el que hacemos lo que verdaderamente nos gusta y que al final vamos a llegar.
El espíritu emprendedor tal vez lo heredé de mis padres, de verlos trabajar de sol a sol, interesados sobre todo en la familia, y en seguir adelante. Un día me vi, después de un accidente de avión, tirado a 4.500 metros de altura, sobre una piedra, sin ropa, sin comida, sin saber adónde estábamos ni nadie que fuera a rescatarnos. Los minutos pasaban en una eterna agonía. Fue ahí cuando me dije “bueno, macho, ahora te toca a vos” y pude salir de algo que era absolutamente impensable para un ser humano. Me probé a mí mismo que podía hacerlo, tomando las decisiones, siguiendo la intuición y el corazón. Eso lo he utilizado toda la vida, ya que si pude superar ese momento, entonces podía seguir adelante frente a otros obstáculos. Lo importante es poder iniciar nuestros proyectos, la recompensa está en uno y en los grandes momentos de la vida.
Entrevista realizada en Montevideo en Agosto de 2010.
Esta es una publicación autorizada por su autor Martin Moubayed de su libro Entusiastas y Triunfadores, editado por Fin de Siglo.
Entusiastas y Triunfadores es la primera etapa de Actitud Uruguay - www.actituduruguay.com-, proyecto que intenta promover una actitud emprendedora y una cultura de trabajo en los jóvenes.

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