Inspirada en las playas de la isla de Waimea, Chandon recreó una verdadera fiesta hawaiana en Punta del Este, durante la sexta edición de su tradicional Fiesta de Blanco.
La Laguna Escondida fue el escenario natural y perfectamente elegido por Chandon para la ocasión. Los invitados vivieron la tradicional fiesta de blanco en Punta del Este en su sexta edición como “Une nuit à Waimea”, la esencia de la noche.
Los 800 invitados vivieron una noche perfecta desde el momento mismo que llegaron a Laguna Escondida. Luego de recorrer un serpenteado camino de palmeras iluminadas de verde y senderos de velas y antorchas, que culminaba en un importante portal de piedras, un grupo de señoritas con todo el look de hawaianas los recibían con los tradicionales “leis” - collares de flores que se entregan en Hawaii como símbolo de afecto al llegar o irse de sus islas.
Hawaii y sus islas fue la inspiración de la Fiesta de Chandon, una de las más tradicionales y esperadas de la temporada, consagrada como la más divertida del verano y la que nadie en Punta del Este quiere perderse.
Dentro del portal, grandes murales de isleñas bailando hula hula en paisajes de Honolulu, Waimea y Kawai acompañados por las agradables notas del ukelele de un músico hawaiano, transportaron a los invitados a las playas de Waimea de manera inmediata. Al salir de este portal fueron sorprendidos con la ambientación de Javier Iturrioz en la que se destacaban las tallas de madera, muebles de bambú, coloridos arreglos florales sobre rocas y barras rodeadas por tablas de surf vintage, traídas directamente de las playas de Waikiki y Haena Beach.
El espacio central con aros de jungla y jaulas suspendidas de los techos, fue uno de los favoritos de la noche donde los invitados pudieron fotografiarse con coloridas y exóticas aves tropicales.
La comida, estuvo inspirada en la frescura de los manjares hawaianos y servidos en bandejas de flores, fueron delicados platos de cerdo y mariscos combinados con frutos tropicales como mango, papaya, palta y ananá. La responsable del catering y por la que todos preguntaban por su excelente calidad, fue Mariana Caviglia, una argentina radicada hace más de diez años en Uruguay.
Como plato principal se destacó un luau de cochinillo con mango, papaya y ananá; seguido por un salteado de mar con mariscos, vieiras, camarones con leche de coco y maracuyá y arroz con gusto a cereal. Completaban el menú diferentes estaciones, repartidas por toda la fiesta, con variadas tapas frescas con cangrejo y lomi lomi de salmón, tomates y cebollita de verdeo. Para los vegetarianos, tempura de vegetales y para cerrar, un postre de láminas de ananá, carpaccio de ananá, mousse de limón, maracuyá y chocolate blanco.
Entre los presentes se encontraban Facundo y Gonzalo Pieres, con sus mujeres; la bailarina Paloma Herrera; Milagros Schmoll; Iván de Pineda y Luz Barrantes; Teresa Calandra y Gonzalo Bergadá; Cecilia Zuberbhuler y Pablo Santamaría; Gloria Fiorito; Nando Parrado y su mujer Veronique; Ignacio Viale y su hija Manuela; Gastón Gaudio con su novia; Patricia y Rosella Della Giavomparola; Martín Barrantes; Benito Fernández; Ricardo Piñeyro; Jimena Butilengo; Jazmín Chebar; Julieta Kemble y Justo Saavedra; Nacho Valenti; Concepción Blaquier; Fabián Zitta; Marina Marré; Marina Achával; Rodrigo Toso e Inés Bertón; Gustavo Mascardi y Lily Sciorra; Ari Paluch; Cynthia Garrido; Eduardo Plá; Daniel Maman; Malala Groba; Yanina Screpante; Diego y Hassen Balut; Georgie Neuss; Matías Eskenazy y Catalina Argañaraz; Marion Richardson de Haenen; Alicia Fernández; Verónica García Mansilla; Costi Vigil y Sofía Martínez y Eugenia Rebollini, entre otros.
La música isleña remixada fue la cortina de entrada y a lo largo de la noche. Se los escucho a Dennis Pavao, Israel Kamakawiwo, Kealii Reichel y Pau Hana. De fondo, un grupo de surfers navegaban lentamente la laguna en largas canoas hawaianas.
Frente a la pista de piso blanco estampado con flores gigantes y bajo una jungla colgante, el bartender Tato Giovannoni preparaba tragos con Chandon Extra Brut dentro de un quincho ambientado con hojas de palmera.
Una noche estrellada acompañaba el baile de los invitados, que desde la pista se quedaron a observar el amanecer sobre al paisaje soñado del lugar.












































