Ana D' Onofrio, prosecretaria general del Diario La Nación presento su primer libro ¨Recetas de Familia¨ en el Marriott Plaza Hotel Buenos Aires, rodeada de más de 200 amigos, colegas, familia y compañeros del Diario La Nación.
El libro propone platos, historias y tradiciones de cuando sentarse alrededor de la mesa familiar era un rito sagrado. En la presentación hablaron el periodista y escritor Jorge Fernandez Diaz, Dolly Irigoyen, Sergio Sinai y Ana quien dijo:
"Nací en una familia en la que la comida siempre fue sagrada. Tirar pan era pecado y apoyarlo al revés, también. Ofendía a Dios. La mesa era un altar donde celebrábamos que estábamos juntos, que éramos una familia. Calladitos y conteniendo la risa que nos provocaba quién sabe qué, los chicos asistíamos sin chistar. El plato se comía entero y la boca permanecía cerrada. En ese momento, sólo hablaban los mayores: papá, mamá y los tíos. Si era invierno y de noche, bagnacauda. Si era mediodía, empanadas y pasta casera con estofado o pesto. No había comida rápida ni gaseosas ni Cajita Feliz. Menos aún televisión. Sí mamá y papá de tiempo completo. Sí patio interminable con perros y gatos que crecían con nosotros. Sí mucho amor. Sí contención… y límites. Sí hogar encendido y scones calentitos. Si aquello no era la felicidad, se le parecía bastante. Pero no nos dábamos cuenta. La cotidianeidad convertía en ordinario un rito de orden sobrenatural, y la adolescencia, que ya ardía en nuestras mejillas, nos urgía a levantar vuelo. Pasaron muchos años hasta que comprendí que aquella manera de vivir estaba llena de magia. Fue cuando tuve que preparar mi mesa, en mi casa. Ya no estaban papá y mamá. La mayoría de mis tíos, tampoco. Fue entonces cuando la cocina volvió a ser templo, y la harina y el ajo y el aceite y el pan con manteca recobraron aquellos viejos dones y se estacionaron en la alacena con sabores y dulzuras remotas. Venían a alimentar a los míos. A mi hijo, que empezaba a crecer; a mi esposo; a la familia que llegó con los nuevos tiempos; a los amigos que elegí con el alma. Fue entonces cuando recordé todo. Yo, que jamás había tocado un cucharón, sentí que estallaba en mí un yo nutricio desconocido, al tiempo que una imprevista destreza germinaba en mis manos y las hacía florecer en tartas y panes y budines y pesto y mermeladas. La celebración, aquella celebración, había renacido. Así nació este libro, que está lleno de recetas, pero no es un libro de cocina. Es una sucesiva y aromática serie de infinitas gracias y de un amoroso reconocimiento hacia mis raíces. En cada plato, en cada ingrediente, hay un recuerdo que explica mi ADN. Es un libro para recordarme y para llevarme de regreso a lugares que el tiempo me hizo pasar por alto".


















