Hace tiempo dejaron su Buenos Aires querida en busca de un cambio. Más seguridad, una mejor calidad de vida, el reencuentro con la naturaleza y los atardeceres cerca de la música marítima fueron algunas de las razones por las cuales muchos argentinos decidieron instalarse en Punta del Este.
No fue fácil “cruzar el charco” y dejar lo construido atrás. Ayudaron los recuerdos de la infancia en la playa y esos veranos interminables en los que disfrutaban de las pequeñas alegrías de la vida. Después de todo, pensaron, reencontrarse con la familia y los amigos no lleva más que unas pocas horas de viaje.
Mirabaires salió en busca de algunos compatriotas que eligieron radicarse en Uruguay y hoy comparten su experiencia con todos nosotros. Luego del boom turístico del verano, quiénes son los porteños que recibirán la llegada del invierno en su chacra esteña.
Amalia Robredo y Marcelo Sterman, dejaron la Ciudad hace nueve años. Tentados por la tranquilidad del lugar, formaron su familia y se instalaron en José Ignacio, donde continuaron con sus obligaciones laborales. “Cuando llegué con mi título de Técnica Paisajista y varios años de ejercicio creí que sería fácil, pero Punta del Este te enfrenta con tres variables diferentes y únicas: salitre, fuertes vientos y suelos arenosos. De ahí surgió casi de manera evidente que me dedicara a la investigación de la flora nativa para ingresarla en los viveros”, dice Amalia.
Tras ocho años de trabajo, el Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca de Uruguay y el Banco Mundial reconocieron su trabajo y donaron fondos para la publicación de un libro, que será presentado en los próximos días. “Disfruto cotidianamente de ver el mar y el horizonte, algo que en la ciudad se hace difícil. Disfruto de la paz del campo y de salir con mi cámara en mano a hacer el seguimiento de las flores silvestres por las praderas de José Ignacio”, describe esta paisajista, madre de Rufino (8) y Casiana (3).
A Amalia, la vida en Uruguay le resulta plena, aunque aclara que no es fácil para cualquiera. Es preciso tener empatía con el lugar y entender la tranquilidad como una variable constante. “Mi horizonte en el campo de la investigación es prácticamente infinito. Mis hijos son felices aunque a veces sienten la falta de familia. El que más hambre de cultura tiene es mi marido, aunque tiene la posibilidad de practicar deportes después del trabajo”, comenta.
Según nos cuenta la paisajista, Punta del Este cuenta con tres colegios bilingües de alto nivel. En su caso, optó por el Woodside, una escuela integradora que rescata los valores humanos. “Yo elegí vivir en José Ignacio, con lo cual las distancias se hacen sentir. Los colegios están en la zona del Cantegril, a unos 37 kilómetros de donde vivimos. Por suerte ya son 12 los chicos que viven cerca y pronto dispondremos de una combi”, detalla Amalia.
En pocos años y con mucho esfuerzo, Gastón Figún logró convertirse en una de las voces más autorizadas de la sommelierie uruguaya. Nacido y criado en Buenos Aires, el Director de Vinos del Mundo de Punta del Este decidió mudarse a Playa Mansa en 2003, cuando su mujer se vio sobrepasada por la situación política nacional. Desde entonces, Gastón disfruta de la comunión con la naturaleza y la posibilidad de criar a sus chicos sin miedos.
Luego del nacimiento de sus dos primeras hijas, Manuela (9) y Juana (8), Gastón y Victoria, su esposa uruguaya, ampliaron la familia cerca del mar. Allí tuvieron a Baltasar (5) y a Mora, que tiene un mes de vida. A Gastón, Playa Mansa le resulta una zona súper cómoda para sus obligaciones diarias: su trabajo queda en la Parada 7 y el colegio de sus hijos está a solo 10 minutos de su casa. Como bien explica el sommelier, la oferta de servicios crece conforme a la población, pese a que en verano los servicios se vean colapsados.
“Acá las cosas cotidianas son muy disfrutables, desde los desayunos hasta las cenas en casa. Durante el año no hay tráfico, siempre hay lugar para estacionar, la gente es amable y la vida que llevamos es muy familiar. A diferencia de Buenos Aires, que nunca duerme, hoy tenemos los semáforos apagados y me levanto sin despertador”, describe Gastón.
A pesar de estos beneficios cotidianos, el Director de la Escuela Internacional de Sommeliers en Punta del Este aclara que extraña a su familia y amigos, como también ir a la cancha a ver al club de sus amores: Racing.
En el caso de la artista plástica Patricia Gil Villalobos, conoció el amor a primera vista y se fue con todo su arte al país vecino. Junto a Flavio Cilintano, tuvieron a Sathya y Bindu y montaron la chacra recreativa Dharma, que funciona como casa de té, restó, atelier y hospedaje exclusivo.
“La vida es simple, rica y feliz. Es muy inspirador este lugar; eso sí, hay que tener vida interior para no cometer el error de transformar este ritmo en vertiginoso”, cuenta Pato. Lejos de la contaminación y cerca de los tiempos de cada uno, la artista disfruta de la energía esteña, su libertad, el silencio y la naturaleza. “Es como una meditación en la que aparecen tesoros. También uno elige qué lo hace feliz en cada etapa de su vida y sabe cuándo dar el salto”, dice esta soul artist.
El tema de las compras, sostienen los argentinos que viven en Punta, es fácil de resolver. Los pedidos pueden hacerse por Internet y enseguida son entregados a domicilio. Lo mismo ocurre con las farmacias y servicios para el hogar. Eso sí: cada cual es llamado por su nombre, como sucede en todo pueblo. Entre los locales de ropa, se destaca el emprendimiento de Paula Martini, Bajo el alma, y tiendas como Mutate o Takkai.
Soledad Parodi dejó la ciudad en plena crisis del 2001, cuando fue contratada por un hotel uruguayo como gerente de Relaciones Públicas. Aunque simpatizaba con la idea de instalarse en otro país, nunca pensó que la oportunidad se daría en Punta del Este, donde había veraneado durante años. Junto a Javier Lúquez realizó la apertura de la tienda Louis Vuitton y de a poco fue incursionando en la imagen de empresas de prestigio internacional.
“Gracias a Internet y las redes sociales fui creciendo como referente, es por eso que me contactan miles de personas por año. Estoy muy contenta con mi trabajo y me encanta que los visitantes se sientan cómodos cuando nos visitan”, dice Soledad, que además de tener su propia empresa es reconocida por los exclusivos eventos que organiza en Punta.
“Disfruto de los atardeceres frente al mar casi todos los días, de las noches de millones de estrellas en José Ignacio, de los fines de semana con amigos en La Huella y de las escapadas a Buenos Aires”, expresa la relacionista pública, quien vive junto a su mamá y su hijo de 3 años, “lo mejor que me dio Uruguay”, agrega.
Entre sus amigos argentinos instalados en Punta figuran el empresario inmobiliario Paulo Fabbri, la decoradora Mechi Ocampo, el director de cine y fotógrafo Ricardo Preve y el gerente de Estancia Vik y Vik Playa, Maximiliano Broquen.
En 1994 María Leichner salió en busca de lo que necesitaba: calidad de vida. Armó las valijas y junto a sus hijos, Pampa y Luna, y Miguel Reynal, su marido, escribió un nuevo capítulo en La Barra. Allí fundaron Ecos, una organización dedicada al medio ambiente y el desarrollo sostenible, de la cual es Directora General.
“Por la Fundación y el Derecho Internacional viajo mucho a otros lugares del mundo con algún objetivo filantrópico o la misión de mejorar el estado del mundo”, comenta Leichner, aunque aclara que no dejaría la felicidad que siente en la chacra sobre la laguna blanca en la que vive.
Hace dos años Dolores Rosner dejó la inseguridad atrás y partió con su marido y sus dos hijas a Uruguay. “Si bien era de veranear, instalarse aquí es completamente distinto”, expresa esta artista plástica dedicada a la decoración y el dictado de clases en su taller.
Adora vivir más relajada, la buena educación, el respeto de la gente, el cuidado de la naturaleza y la solidaridad de los amigos. “Disfruto la libertad con que viven nuestros hijos, el tiempo para desayunar y caminar, las visitas de nuestros familiares, los paisajes siempre verdes y en movimiento, ir a La Pedrera y olvidarme de las obligaciones”, comenta.
El trabajo lo llevó a abandonar Buenos Aires en 2005. El reconocido paisajista Máximo Vercelli pronto se adaptó a La Barra de Maldonado e hizo de la naturaleza una imagen de contemplación. “Salir de la llanura pampeana fue muy gratificante. La calidad de vida, sus habitantes, el paisaje y el mar son cosas de las que disfruto”, enumera el creador del blog Diseño que crece.
Punta del Este cuenta con una variada guía de puntos gastronómicos muy visitados por los argentinos. Entre otros lugares, Amalia Robredo es habitué de La Huella, Marismo, Isla de Flores o Los Negros. Los fines de semana es un momento ideal para caminar por la tradicional Avenida Gorlero, visitar galerías de arte, ir al cine, teatro casino.
El director asociado de Vik Retreats, Maximiliano Broquen, decidió instalarse en Uruguay hace tres años, cuando dejó la dirección del Hotel Faena y se dedicó de lleno al proyecto de abrir la estancia y playa Vik en José Ignacio. La calma del lugar y la amabilidad de los uruguayos lo invitaron a tomar la decisión sin mucho sacrificio. “Punta del Este es extremadamente cosmopolita; por otra parte, es importante saber que estamos a sólo 45 minutos de avión”, dice este hombre casado y con dos hijos, que valora la oportunidad de verlos crecer en un ambiente seguro.
¿Sus paseos favoritos? Jugar con sus hijos, hacer kite surf, almorzar en el restaurante de Francis Mallmann en Garzón y visitar la playa en Oceanía del Polonio que, según su criterio, es la mejor de Uruguay.








































